Cuentos de terror La panadería de la esquina

Cuentos de terror La panadería de la esquina

Servando se había asociado con varios de sus primos para poder poner una panadería orgánica. En otras palabras, todos y cada uno de los productos que allí se elaboraran, tendrían que ser hechos con ingredientes 100% naturales.

Obviamente, al principio tuvieron algunas pérdidas, ya que los precios eran un poco más elevados que en los otros expendios del rumbo. No obstante, poco a poco la gente se comenzó a dar cuenta de que tanto el pan blanco como los bizcochos de repostería eran mucho más sabrosos en el negocio de Servando.

Con el tiempo, tuvo problemas con sus parientes, a los cuales les compró su parte para quedarse como único dueño. Las colas fuera de la panadería eran inmensas, le daban la vuelta a toda la cuadra.

Servando era un obsesivo de la limpieza, así como de seguir al pie de la letra su recetario. Únicamente dejaba que lo ayudara su esposa en las labores que tenían que ver con el horneado de sus pastelillos.

Una tarde tuvo que dejar sola a su consorte, debido a que le avisaron que tenía que acudir a la central de abastos a recoger un pedido personalmente. Cuando regresó, vio que los bolillos que se estaban colocando en los anaqueles, tenían la superficie demasiado dorada.

– Pero ¿qué pasó aquí, por qué todo el pan blanco está quemado?

– No es así mi amor, sólo está “Doradito”

– Bien lo decía mi padre. Si quieres tener un negocio exitoso, no puedes delegarle responsabilidades a nadie, pues siempre cometerán errores.

– Óyeme, no me hables así, soy tu esposa.

Al oír eso, Servando literalmente se transformó en un monstruo y como pasaría en los cuentos de terror, la sujetó por el cuello y la llevó hasta la parte trasera de la cocina, encerrándola en uno de los hornos.

Horas después, el hedor del cuerpo calcinado, hizo que la gente llamara a la policía. Actualmente Servando purga una condena de 25 años en prisión.

Leyendas cortas Apariciones vívidas

Leyendas cortas Apariciones vívidas

Mi hermana Helen y yo nos hemos querido desde el primer momento. Y es que a pesar que yo le llevo cinco años, hay una conexión muy fuerte entre nosotros, la cual se agudizó desde un día que estábamos jugando en el jardín.

Mamá se puso a preparar la comida y me encargó que cuidara a Helen. Nos pusimos a jugar y de repente ella me dijo:

– Dice Marcial que también quiere una taza de té.

– Marcial ¿Quién es ese? Le pregunté.

– Es mi amigo. Él juega conmigo cuando tú no estás.

– Ah, un amigo imaginario.

– Dice que no le gusta que le digan así.

– Bueno, bueno. Por mí no hay problema, sírvele el té a Marcial y que se integre al juego.

Por instantes, Helen me ignoraba por completo y charlaba con Marcial, como si realmente estuviera junto a ella. No le di mucha importancia, debido a que una niña de ocho años, aún tiene demasiada imaginación.

Luego mi hermanita cambió de juego y comenzamos a lanzar una pelota. Súbitamente ella mencionó:

– Marcial, por favor podrías ir por la pelota.

A lo que yo le respondí:

– Él no puede ir Helen. Yo te la traeré, sólo prométeme que no te moverás de aquí.

– Pero si él ya fue por ella. Me contestó mi hermana.

En eso se escuchó una colisión en la calle. Rápidamente los vecinos salieron y comenzaron a gritar que un camión había atropellado a un niño pequeño. Metí a Helen a la casa y después me acerqué a la muchedumbre para poder observar lo que había sucedido.

Efectivamente, un niño sin vida estaba tirado frente al camión. En su cuello tenía una placa metálica con el nombre de Marcial. Nunca le conté eso a mi hermana ni a nadie de la familia, sino que decidí publicarlo cual, si fuera una de esas leyendas cortas que se viralizan por Internet, sobre todo porque pensé que nadie iba a creer una historia tan sorprendente como ésta.

Estas y más leyendas las pueden encontrar en este enlace

Leyendas de terror El vestido de novia

Leyendas de terror El vestido de novia

Hace no mucho tiempo, visité un pintoresco pueblecito. Sus calles adoquinadas y sus negocios de fachadas antiguas, hicieron que me sintiera en un lugar mágico. Al recorrer sus callejones, una cosa llamó poderosamente mi atención.

Me encontré con un restaurante de comida típica, el cual en uno de sus recovecos contaba con un elemento bastante singular. Un vestido de novia colocado en un maniquí de madera.

¿Qué tenía que hacer la indumentaria de una chica casadera en un negocio de comida? Esa era la información que debía investigar. Hablando con el capitán, me platicó una de las leyendas de terror más espeluznantes que he escuchado.

Me dijo que tres décadas atrás, aquel espacio comercial era ocupado por una sastrería. Ahí, la gente del pueblo se mandaba hacer la ropa para los diversos acontecimientos especiales: Por ejemplo, unos 15 años, un bautizo, o en este caso una boda.

También me comentó que la dueña del vestido se llamaba Rosalba y que era la hija del sastre. A la muchacha la iba a desposar Filiberto, el hijo del cantinero.

El día de la boda, los habitantes esperaban afuera de la iglesia la llegada de la novia. Sin embargo, solamente arribó el novio acompañado de sus padres. Después se supo que la chica había muerto misteriosamente la noche anterior.

Hay quienes aún afirman que Rosalba fue asesinada por su propia madre, dado que no quería que su hija terminará emparentada con la otra familia, pues decía que estos no pertenecían a su estirpe.

Luego del sepelio de la muchacha, el vestido fue retirado del maniquí y destruido por el padre de la joven. Sin embargo, cuando se cumplió un año del deceso de la chica, el vestido de la novia volvió a aparecer en el mismo lugar, es decir, colocado en el maniquí de madera y mirando hacia la calle.

Muchas personas han tratado de deshacerse de esa prenda, pero, aun así, esta continúa en el mismo sitio.